Hiragana, katakana y kanji: las diferencias y para qué sirve cada uno
Una de las primeras cosas que descoloca del japonés es que usa tres sistemas de escritura a la vez: hiragana, katakana y kanji. Parece un lío, pero cada uno tiene su función y su lógica. Aquí te explicamos claro qué es cada uno, para qué sirve y en qué orden conviene aprenderlos.
Hiragana: el silabario base
El hiragana es un silabario, es decir, un conjunto de signos que representan sílabas (ka, mi, to…), no sonidos sueltos como nuestras letras. Se usa para las palabras propiamente japonesas, para las partículas gramaticales y para las terminaciones de los verbos. Es de trazos redondeados y fluidos, y es lo primero que debe aprender cualquier estudiante, porque es la base sobre la que se apoya todo lo demás.
Katakana: el silabario de lo extranjero
El katakana representa exactamente los mismos sonidos que el hiragana, pero se usa para cosas distintas: las palabras tomadas de otros idiomas (コーヒー, café), los nombres extranjeros, las onomatopeyas y, a veces, el énfasis. Sus trazos son rectos y angulosos, lo que le da ese aire «tecnológico». Ver algo en katakana suele ser una pista de que la palabra viene de fuera del japonés.
Kanji: los caracteres de significado
Los kanji son caracteres de origen chino que representan significados, no solo sonidos. Cada kanji tiene una o varias lecturas y una idea detrás: 日 es «sol/día», 水 es «agua». Se usan para las raíces de las palabras y son los que dan densidad de información al texto. Son miles, pero con unos cientos se lee la mayoría del japonés cotidiano, así que se aprenden poco a poco y por frecuencia.
Cómo se combinan en una frase
Lo fascinante es que los tres sistemas conviven en la misma frase, cada uno haciendo su trabajo. En 私はコーヒーを飲む («yo bebo café»), 私 y 飲 son kanji (significado), は y を son hiragana (partículas) y コーヒー es katakana (palabra extranjera). Lejos de ser un caos, cada sistema aporta una pista visual que, con la práctica, hace la lectura más rápida.
¿En qué orden aprenderlos?
El orden recomendado es claro: primero hiragana, luego katakana (que se aprende rápido al compartir sonidos), y desde ahí ir sumando kanji poco a poco, siempre dentro de palabras. Resístete a quedarte en el rōmaji: aprender el kana cuanto antes es lo que hace que todo lo demás encaje. Con los dos silabarios ya puedes leer muchísimo japonés desde el primer día.
El rōmaji: el «cuarto» sistema
A los tres sistemas propios se suma a veces el rōmaji, que es el japonés escrito con nuestro alfabeto latino. No es un sistema japonés de verdad, sino una ayuda para extranjeros y para escribir en teclados. Lo verás en carteles de estaciones y nombres propios, pero es solo una muleta: el japonés real se escribe en kana y kanji, así que conviene dejar el rōmaji atrás cuanto antes para aprender de verdad.
Cuánto se tarda en aprender cada uno
Las expectativas realistas ayudan. El hiragana y el katakana se pueden aprender en un par de semanas de práctica cada uno, a veces menos. Los kanji, en cambio, son un trabajo de fondo que dura meses o años, porque son muchos y se aprenden poco a poco; pero no necesitas dominarlos todos para leer: con unos cientos ya te desenvuelves. Lo tranquilizador es que los dos silabarios, que son la base, se consiguen rápido y dan una gran sensación de avance.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el japonés usa tres sistemas? Cada uno cumple una función: el hiragana para lo gramatical y japonés, el katakana para lo extranjero, y los kanji para los significados. Juntos hacen el texto más legible de lo que parece.
¿Cuál se aprende primero? El hiragana, sin excepción. Después el katakana y, más adelante, los kanji.
¿Hace falta saber kanji para leer japonés? Para leer TODO, sí hacen falta con el tiempo; pero con solo los dos silabarios ya puedes leer muchísimo y empezar a comunicarte desde el principio.
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